El tema tiene el balance exacto entre calma y fuerza que lo convierte en una fórmula segura de éxito: por un lado, la suavidad de la voz de Rossen y el ulular que junto a la de Nicolaus regala a la atmósfera, y, por otro, esa explosión de la batería, emitiendo sonidos de marcha, y la rapidez con que los riffs de guitarra fluyen a lo largo de los segundos. Es una gran paja que mis oídos se han manufacturado, una como hace tiempo no tenían y que lastimosamente los dejó tan agotados como para seguir escuchando las otras diez piezas que el dúo formado en Nueva York entrega junto a "While we're young". Sin duda la maginificencia del tema antes mencionado opacó a todos los demás ya que a mis oídos, por cansancio o sinceridad, solo los movieron un par de canciones más: "Deadly Disclosure" y "Brigthest Minds". La primera tiene esa melancolía tan atractiva que el folk produce, mientras que la segunda presenta a la batería nuevamente acelerada, platillos salteados y pandereta agitada, concluyendo así que, cuando Rossen y Nicolaus le meten segunda a sus temas, las cosas van mejor. Los demás, la verdad, me duermen un poco, y aunque tienen elementos interesantes, la droga que Department of Eagles me sirvió con "While We're Young" será difícilmente superada.
En fin, un disco no es bueno si solo tiene tres temas rescatables, pero cuando uno de ellos vale por diez, qué carajos importa. Luego de creaciones tan maravillosas como las ya comentadas, Rossen se puede dar el lujo de hacer cualquier porquería; se puede meter de reggaetonero si quiere, pero eso sí, que no se olvide de regalarnos, de vez en cuando, otro de esos orgasmos musicales únicos. Al menos uno por disco, ¿sí?

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